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Tormenta de Galgos. 18



Sindy. Asociación Galgo Español.

Decimoctava entrada de ni blog.

Pasan los días y no voy a la residencia. Sigo en el grupo de voluntarias y sigo compartiendo las fotos en un facebook que tengo totalmente abierto, sin privacidad alguna, si no fuera de esta manera, sólo leería yo mis comentarios, que no hago ninguno. Antes tenía un grupo de amigos considerables, casi cien, pero con el tiempo fueron desapareciendo, no me di cuenta hasta que el facebook me invitó a conocer a gente. ¡Qué lamentable que una aplicación te recuerde lo miserable que es tu vida social! Un día leí que añadiese mi número de teléfono y que me buscaría mis contactos en la red. Puse cada número en su respectiva rayita y le di a buscar; mis padres no tienen facebook y son mi único contacto, fin de la búsqueda.
Llevo un tiempo donde voy cogiendo confianza en mi desconfianza y en mi vida antisocial y he ido dando algún “me gusta” aquí y allí, también me he puesto a seguir a la Asociación y a la tienda online que tienen. Esto ha animado mucho al facebook que ahora me pone en el margen derecho a posibles asociaciones que me gustaría seguir. ¡Anda ya!
Ayer se me abre una fila de fotos y arriba leo:
                                              “¿Quizá los conozcas?”
Los perfiles eran todos de  galgos y arrojaban poca luz pero como tenía todo el tiempo del mundo, me puse a cotillear. Encontré a la Rubia, al Greñas, a la “portes”, también estaba la “mantas”, y seguro estaban todos pero no les pongo cara. Todos con sus perfiles bloqueados a prueba de gente como yo, que no tiene vida propia e invade la de otros; a ninguno pedí amistad.
¿Cómo me siento después de llamar puta barata a la Rubia?
He pensado lo justo en ello, no me gusta analizarme, creo que lo he dicho muchas veces. Cuando alguien hurga en su estado anímico descubre que está realmente jodido y se deprime mucho más. Yo prefiero pensar que la culpa de mis problemas es de la Rubia, me desquicia, es boba,…
Ya estaba enfadada cuando cogí el cubo que me tendió el Greñas, me irritó la emboscada.
-¡1324! ¡Qué alegría que estés aquí!- siempre con la misma monserga, yo lo pongo en el grupo cuando el domingo empiezan a cuadrar el calendario de la residencia.
-Dije que venía hoy.
-Día de limpieza y desinfección.-yo arqueo una ceja y me resisto a coger el cubo azul espumoso.- Puse en el grupo que hoy tocaba remangarse.
-¡No lo leí!- le contesto enervada.
-¡¡Mmmmm!!- frota su mentón con la mano derecha.- Quizá lo dije en el grupo donde tú no estás.
Y le arranqué el cubo de las manos. Tenían otro grupo, sabía que era cierto, lo presentía.
Y ahora que repito la escena me doy cuenta que entré al chenil soltando improperios por lo bajinis y calentándome la cabeza con degollar a todo el que se pusiera por delante. Y llegó la Rubia con su mono vaquero y su camiseta ajustada rosa y se desató una ola de furia que intenté controlar todo lo que pude, pero no fue suficiente porque ella no dejó de martirizarme con su vocecilla cantarina y seductora y ese manual de furcia barata en busca de marido que debe tener en el cabecero de la cama para inspirarla cada amanecer.
¡Joder! mañana voy a residencia porque no puedo seguir más tiempo encerrada en estas cuatro paredes, dando vueltas a todo tipo de pensamientos tóxicos. Antes tenía unas amigas con las que tomar un café y desahogarme contando mis problemas, pero desde que una se cepillo a mi marido y las otras salieron por patas al poco de regresar de tierra hostil, soy mi única terapeuta, y me da que no lo hago del todo bien.
Suena el whatsapp y tenemos abierto el cuadrante de la semana. Se van apuntando una a una y poniendo miles de emoticones bobalicones para resaltar lo felices que son. Pues hoy si que quiero joderles el día: “Voy miércoles por la mañana”. Se hace el silencio. Todos van leyendo mi nuevo ingreso al grupo. Media hora y seguimos sin cuadrar la semana porque las he dejado acogotadas. Suena el tono de “tienes un mensaje nuevo”. El Greñas va el miércoles por la mañana. Nadie añade nada. ¿Será que viene a la residencia para decirme que me vaya a freír espárragos? ¿Qué otra razón puede tener para ir el miércoles y no el jueves o el viernes o el fin de semana? Viene justo cuando voy yo porque ya lo han hablado, quieren echarme y hacerlo por mensaje es algo frío o poco humano, no estaría bien visto. ¡Anda, si a mí ya me lo hicieron una vez! Es de agradecer que los dioses tengan misericordia conmigo y no se repita lo mismo por segunda vez. Pues no se lo voy a poner nada fácil. Prepararé un discurso donde les diga lo que pienso de ellos.
¡Ainss! Me gusta ir con los galgos, quiero sacarles, acariciarles… no me pueden quitar esto también, por qué me hacen esto, sólo la llamé guarrona a la Rubia, no es para tanto.
He pasado al autocastigo, a la recriminación, a flagelarme…
Tan pronto me siento segura de mi misma y todos los demás son unos canallas, como siento que mi mundo se tambalea y voy a sucumbir en las cenizas que dejo a mi paso.  
Tengo tres días para reconciliarme sin palabras con todas ellas. Hace poco colgaron unos carteles que tenemos que compartir, para recoger mantas, collares y correas y juguetes. Esa es mi tarea, recaudar más que ninguna, ser útil en un grupo donde no se me acepta porque digo las verdades a las claras.
Sí, sí… podía empezar disculpándome, pero no puedo ser hipócrita, me cae fatal la Rubia, es cargante y lerda.
Prefiero recoger mantas. He colgado todos los carteles en mi página de facebook y como me esperaba tras dos horas de mirar la pantalla sin pestañear, no tengo ni un solo “me gusta”.
Paso al plan B. Llamar a mi madre.
-¡Hola mamí! Necesito que me consigas mogollón de mantas viejas, sabanas, toallas, almohadones y juguetes para perros, bueno esto último es un poco más difícil.

Hoy es miércoles y llevo el maletero hasta las trancas de bolsas con todo tipo de ropa del hogar. He colgado la foto en el grupo y todavía no dan crédito, nadie ha dicho nada pero sé que están sorprendidas de la eficiencia y eficacia de la menda.  El Greñas ha dicho que me espera en la puerta. Ahora no puede echarme, será para ayudar pero no las tengo todas conmigo.

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